Una nueva Ley Antártica para Chile

 
Luis Valentín Ferrada W.
Doctor en Derecho
Profesor de la Facultad de Derecho
Universidad de Chile

 

El día 4 de agosto del 2020 será recordado como un hito en la historia nacional, por haberse aprobado en el Congreso Nacional la nueva Ley Antártica Chilena. Esta norma es parte de una larga vinculación de ya casi cinco siglos con el Sexto Continente. La relación se inicia con las disposiciones coloniales que atribuyeron la Terra Australis a la Capitanía General del Reino de Chile, continúa con su incorporación a la naciente república por el uti possidetis de 1810, se refuerza en el siglo XIX, perfecciona en el XX, y estamos consolidando en el XXI. De hecho, esta aprobación legislativa se produce mientras conmemoramos los 80 años de la delimitación del Territorio Chileno Antártico. Es una extensa continuidad histórica que la ley viene a resumir.

En efecto, aunque existen cientos de normas legales y reglamentarias que abordan aspectos parciales de nuestro quehacer antártico, desde hace un tiempo, y en especial tras la creación de la Dirección de Antártica del Ministerio de Relaciones Exteriores (2011), que venía planteándose la necesidad de armonizar, sistematizar y modernizar esta regulación. La última ley de alcance general sobre la materia se aprobó en 1955, y al año siguiente se dictó el Estatuto Chileno Antártico. La realidad política y jurídica del Sexto Continente ha variado notablemente desde entonces. De partida, en 1959 se acordó el Tratado Antártico, inaugurando un régimen internacional en que Chile ha sido actor protagónico, y que nos obliga a adoptar una mirada que combine lo nacional con lo multilateral.

La nueva ley, en cuyos estudios preparatorios, redacción y tramitación he tenido el honor de participar desde el 2011, recoge las preocupaciones del presente, desde una visión histórica y con la mirada puesta en los desafíos futuros. De este modo, ella parte por reafirmar los derechos antárticos de Chile y, sin modificar en su esencia los principios que han orientado su actuar, los actualiza y perfecciona, en especial en relación con el desarrollo del Derecho del Mar y la protección del medioambiente. Para materializar estos objetivos, se refuerza la institucionalidad antártica nacional, especificando competencias y funciones, desde el nivel de decisión política superior a la ejecución de las tareas operativas o la mantención de bases y capacidades de los operadores antárticos de las Fuerzas Armadas. Una tarea relevante cabe a las autoridades de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, responsables del gobierno interior de nuestro territorio antártico, o al Instituto Antártico Chileno, que coordina y difunde el trabajo científico de cientos de investigadores provenientes de decenas de universidades y centros de estudio. Son muchas las entidades que intervienen en un complejo conjunto de tareas que, además de lo internacional, combinan lo nacional con lo regional, lo ejecutado en el Sexto Continente con las actividades realizadas en Punta Arenas y Puerto Williams.

La ley establece procedimientos y condiciones para realizar actividades en el Continente Austral, un sistema de permisos y evaluaciones de impacto ambiental, dispone la protección del medioambiente antártico y sus ecosistemas dependientes y asociados, tipifica faltas y delitos, y sanciona su inobservancia. Porque el Territorio Chileno Antártico es parte esencial del país, debemos cuidarlo y protegerlo, en especial en tiempos de cambio climático.

Esta norma nos permitirá también cumplir nuestros compromisos internacionales, incorporando a nuestro derecho doméstico una serie de acuerdos que Chile ha impulsado en los diversos foros del Sistema del Tratado Antártico.

La Antártica es motivo de interés para Chile y para el mundo, lo que el cambiante escenario geopolítico actual hace aún más complejo. En este contexto, la nueva ley permitirá consolidar nuestros derechos soberanos, mejorar el desempeño antártico nacional e incrementar su influencia internacional, colaborando en el logro de los objetivos globales de preservar un área excepcional del planeta.

 

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