La cuarta crisis de China y Taiwán

 

 

 

 

 

Dr. Ariel Álvarez Rubio

Academico ANEPE

 

Según Silvana Elizondo, los escenarios marítimos del Pacífico Occidental y el Índico se han convertido en este siglo en el centro de una “disputa geoestratégica de escala global”, en la que se destacan dos potencias principales. Por un lado, EE.UU., que busca preservar allí el “statu quo”, asegurando el “orden internacional de posguerra” a través de su capacidad de proyectar poder globalmente, especialmente por vía marítima. Por otro lado, la República Popular China (RPCh), que ha consolidado su “ascenso como potencia” y busca construir una “zona de seguridad en sus áreas cercanas” que le permita neutralizar las amenazas a su proyecto de “rejuvenecimiento nacional”[1].

En el contexto de consolidación de su poderío, y durante la ceremonia realizada como parte de los festejos del centenario del Partido Comunista de China (PCCh), Xi Jinping ha señalado que “resolver la cuestión de Taiwán” y “reunificar China” es una misión histórica e inquebrantable y ha prometido estar dispuesto a “aplastar” cualquier intento de “independencia” formal de Taiwán[2].

Con lo señalado anteriormente, se vuelve a ratificar que, para la RPCh, Taiwán es una “provincia rebelde” que, desde el año 1949, constituye un “dolor de cabeza” y que por lo tanto le resulta obligatorio impedir a toda costa que intente establecer su soberanía.

Este problema se ha visto incrementado por la insistencia de EE.UU., de entregar un fuerte apoyo político, militar y económico a Taiwán, lo cual ha dificultado cualquier negociación y ha incentivado la esperanza taiwanesa de mantener por siempre su calidad de Estado “soberano”, aun sin el mayoritario reconocimiento internacional. Al respecto, resulta evidente que Estados Unidos considera a Taiwán como una herramienta útil para la “contención” de la RPCh, como poder global, y particularmente, para la seguridad de toda el área del Indo-Pacífico[3].

Por su parte, China ha adoptado una estrategia de “reunificación” de carácter “dual”, ofreciendo un cierto grado de “autonomía” a Taiwán, con la fórmula “un país, dos sistemas” y, por otra parte, amenazando con el “uso de la fuerza”, ante cualquier intento de “independencia”. Diferentes actores regionales e internacionales, interesados en esta situación, no han contribuido a facilitar un entendimiento, por cuanto niegan la dependencia taiwanesa de China y rechazan cualquier uso de la fuerza por parte de la RPCh.

A pesar de lo anterior y a lo largo del tiempo, los líderes de China y EE. UU., han reconocido públicamente el “interés común” de ambos países por alcanzar un “resultado constructivo”; de esta forma, Barack Obama y Xi Jinping al igual que Bush y Hu Jintao, acordaron en su momento crear una “alianza estratégica” en la región del Pacífico, para así lograr preservar el “equilibrio de poder” y reducir la “amenaza militar” del poder.

De esta forma, la compleja relación existente entre la RPCh y Taiwán ha ocasionado ya cuatro crisis importantes, en las cuales además han tenido una activa participación los estadounidenses.

La cuarta crisis con Taiwán, ha venido a demostrar que la situación ha variado dramáticamente desde el año 1995, ya que hoy en día, la RPCh cuenta con una creciente gama de aeronaves, buques, submarinos, misiles balísticos y de crucero, lo cual sumado a las capacidades de guerra contra satélites y de ciberguerra le permiten proyectar su poder más allá de sus costas. En la práctica, lo que la China continental ha demostrado es una capacidad para realizar contraataques estratégicos activos en líneas exteriores (ASCEL), un concepto que en la terminología occidental es más conocido como estrategia de anti-acceso y denegación de área (A2/AD)[4], y que además se ha transformado en una superpotencia militar asimétrica; es decir, que ha desarrollado sistemas de armas que cuestan una fracción del costo de los sistemas estadounidenses, pero que pueden neutralizarlos o hacerlos inoperativos. 

Según el Dr. Ernesché Rodríguez Asien[5], la RPCh ha ido tomando la delantera en algunos campos de la carrera armamentista producida entre los integrantes de la llamada “tríada del poder tecnológico militar”, constituida por EE. UU., Rusia y China. En esta competencia, se señala que los chinos ya han escalado al segundo puesto mundial como fabricantes de armas, solo por detrás de los estadounidenses, quienes han dejado de compararse con los rusos, para hacerlo ahora con los chinos.

Así las cosas, todo hace pensar que la inversión en tecnología militar de Xi Jinping apunta a convertir al gigante asiático en una potencia militar de primera línea. Esta estrategia es de carácter multidimensional y con ello, China ha logrado superar la mera copia de versiones militares, al punto de que en la actualidad no tienen nada que envidiar a la aviación militar, a la defensa aérea ni a la flota de guerra de la Federación de Rusia. Por otra parte, en el campo de las comunicaciones y del ciberespacio, los chinos continentales han logrado establecer una gama propia de satélites y también se han convertido en una referencia en cuanto a misiles antibuques.      

Ahora bien, en este contexto, Taiwán sigue representando gran importancia por su posición en el centro sobre la primera de las dos cadenas de islas sobre las cuales se han construido las estrategias A2/AD de ambos países. Una eventual invasión a Taiwán alteraría por completo el actual escenario geopolítico y geoestratégico en Asia.

Como sea, la RPCh parece estar midiendo constantemente la “determinación” de Estados Unidos, para así comprobar si la gran potencia occidental responderá o no a las amenazas contra un aliado. Al mismo tiempo, China continental continúa con la construcción de una serie de enormes islas artificiales en el mar del Sur de China.

Derivado de todo lo anterior, diversos analistas argumentan que estamos viviendo la llamada “década de la preocupación 2020-2030”, una época que ha sido capaz de producir una cuarta crisis, la más peligrosa de todas las anteriores, en esta compleja relación entre la RPCh y EE. UU., y donde se señala que el presidente Xi Jinping estaría determinado a invadir militarmente Taiwán, y para lo cual ha estado trabajando los últimos 20 años[6].  

En esta cuarta crisis, el legítimo derecho de la RPCh, por jugar un papel cada vez más importante en la geopolítica global se encuentra enfrentado con el objetivo de EE. UU., de impedir el ascenso de una potencia competidora, y en medio de este choque de intereses de las grandes potencias, se encuentra Taiwán, una isla que según el propio general Douglas MacArthur es “un portaaviones imposible de hundir en el Pacífico”.

Al respecto, para concluir, lo único que resta es tener la esperanza de que tanto China como Estados Unidos, cuenten con estadistas lo suficientemente sabios como para tratar de encontrar aquel necesario “equilibrio”, entre poder y diplomacia, que tanto requiere el Orden Mundial; de no lograr ese equilibrio, lo único que se perfila es “el desastre”. 

[1] ELIZONDO, S.; “Situación Estratégica en el Pacífico Occidental y en el Índico”, publicación digital del Observatorio Estratégico de los Mares de China de la Escuela Superior de Guerra Conjunta, Boletín N° 8 de fecha NOV.2021. Recuperado de https://www.esgcffaa.edu.ar/maresdechina/situacion-estrategica.php (última visita: 03.ENE.2021). 

[2] OBSERVATORIO DE LA POLÍTICA CHINA; “Hebdo 26-2021. Semana del 28 de junio al 04 de julio de 2021”, publicación digital. Recuperado de https://politica-china.org/otros/taiwan-hebdo-26-2021 (última visita: 03.ENE.2021). 

[3] Según Hsiao Bi-khim, representante de Taiwán en EE. UU., la administración Biden ha considerado la asociación de defensa entre ambos países como una cuestión de “supervivencia”, ya que la coerción militar china es cada vez mayor, y en este contexto, se considera necesario mantener una estrategia tan “sólida como una roca”. Cfr. TIEZZI, Sh.; “What to Expect From US-Taiwan Relations in 2021 (and Beyond)”, publicación digital en “The Diplomat”, de fecha 11.FEB.2021. Recuperado de https://thediplomat.com/2021/02/what-to-expect-from-us-taiwan-relations-in-2021-and-beyond/ (última visita: 03.ENE.2021).     

[4] Cfr. GUINEA, A; “La doctrina Anti-Acceso y Denegación de Área (A2/AD): Una nueva aproximación a la Defensa de Costas”, publicación digital de Belt.es de fecha 04.JUN.2020. Recuperado de https://belt.es/la-doctrina-anti-acceso-denegacion-de-area-a2-ac-una-nueva-aproximacion-a-la-defensa-de-costas/ (última visita: 24.ENE.2021).

[5] RODRÍGUEZ, E.; “La tecnología militar china y su supremacía bélica”, en publicación digital del “Observatorio de la Política China” de fecha 08.ABR.2021. Recuperado de file:///C:/Users/Familia/Downloads/Ernesche-Rodriguez-Asien%20(2).pdf (última visita: 24.ENE.2021).

[6] WINGFIELD-HAYES, R.; “Taiwán, el conflicto latente que espera al nuevo presidente de EE. UU.”, en publicación digital de BBC.COM de fecha 30.OCT.2020. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-54727928 (última visita: 31.ENE.2021).

1 Response
  1. falcon

    Estamos en una HV3 disfrazada de nueva constitucion.
    La constitucion del separatismo quiere lograr la desaparicion de Chile, que solo beneficiaria a Argentina, Peru y Bolivia(Brasil).
    Lo unico que se interpone entre China y los paises mas grandes de sudamerica es CHILE (Reino Unido).

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