El Interés Nacional: teoría y realidad

 

Prof. Alejandro Salas Maturana

Investigador ANEPE

 

En su origen, el concepto de Interés Nacional se desarrolla a partir de las reflexiones de Tucídides respecto de la naturaleza humana. Esa misma esencia, impulsa el desarrollo histórico del concepto moderno del término, que hace surgir las expresiones “voluntad general” de Rousseau, la de “razón de Estado” del Cardenal Richelieu, o la “voluntad del Príncipe” de Maquiavello, referidas a aquellos intereses superiores y esenciales cuya importancia exigen su protección por sobre otros.

Sin embargo, fue el advenimiento del Sistema de Estados como consecuencia de la Paz de Westfalia en 1648, el que hizo que los componentes de él adoptaran el concepto de Interés Nacional como el principal criterio que ha guiado a las relaciones internacionales y, a la política exterior de ellos. Con el Congreso de Viena (septiembre de 1814 a junio de 1815) surge el concepto de “equilibrio de poder”, donde lo esencial era lograr la coexistencia de los intereses nacionales de los países involucrados, que asegurase la paz en Europa después de las guerras napoleónicas. La Revolución Industrial (1760-1840) incorpora las variables económica, social y tecnológica a la idea del Interés Nacional, aunque el foco principal del concepto se desarrolló en el tiempo principalmente en torno a las relaciones entre Estados, lo cual nos acompaña hasta hoy, influenciado por diversas perspectivas entre las que destacan el realismo, el neorrealismo, el liberalismo y el constructivismo.

Hans Morgenthau, considerado como el principal representante del realismo en torno al concepto de Interés Nacional, señaló que “El significado del Interés Nacional es la supervivencia: la protección de la identidad física, política y cultural contra las invasiones de otros Estados-Nación”. Ello significa, que esta idea es la que debe guiar a los gobernantes en la conducción de sus países, porque es lo que legitima sus acciones internas, y la política exterior que aplican en su relación con otros países, con lo cual el elemento central que lo sustenta es el poder.

A su vez, Kenneth Waltz, como referente del neorealismo, refuerza la idea de que los Estados acumulan poder para satisfacer sus necesidades de seguridad en un contexto internacional anárquico, relacionando el Interés Nacional con la supervivencia de los países, lo que implica que la autoregulación en la aplicación del poder, es lo que mantendrá los equilibrios y la paz entre ellos.

No obstante, el liberalismo asume una posición distinta respecto al Interés Nacional. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, quedó en evidencia que la autorregulación de los equilibrios de poder no evitó el estallido de un conflicto a escala desconocida hasta ese momento. Por esta razón, en su esencia, la postura liberal planteaba la creación de un mecanismo de seguridad colectiva, que garantizara el entendimiento y la paz entre las naciones, para salvaguardar su seguridad y bienestar. Esta postura fracasó al no poder evitar el estallido de la II Guerra Mundial ni, posterior a su término, el surgimiento de la Guerra Fría.

A pesar de ello, el fin de la Guerra Fría hizo reaparecer la corriente liberal, sustentándose en la idea del triunfo de la democracia, en un mundo en el que no se estimulan las guerras y las naciones del Sistema Internacional reconocen su legitimidad. Ello impulsa a cuestionar al concepto realista y neorrealista de Interés Nacional, porque bajo la influencia de las ideas liberales en torno al libre comercio, al Estado mínimo y, la pérdida de sentido de la defensa de las fronteras clásicas en un mundo globalizado, el concepto de Interés Nacional , a su vez, también pierde sentido. Para esta corriente de pensamiento, el capitalismo y la democracia liberal son los que permitirán evitar el comportamiento agresivo entre Estados, producido por la interpretación egoísta de los intereses nacionales. Por ello, estos deben replantearse en beneficio del bienestar y progreso económico y político de la Sociedad Internacional.

La teoría constructivista aporta con una visión más social, porque el Interés Nacional es resultado de ideas compartidas, de la identidad nacional y de las prácticas normativas. En este sentido, Wendt postula que además de los Estados, los seres humanos también son actores del Sistema Internacional, porque las organizaciones que conforman reflejan sus propios intereses con efectos en la sociedad en que se desenvuelven, para lo cual también utilizan el concepto de poder. Entonces, esta visión establece que el Interés Nacional no es fijo, porque puede cambiar por efecto de modificaciones en las variables sociales y las identidades nacionales.

De esta breve descripción de la teoría del Interés Nacional, encontramos dos aspectos que a nuestro juicio son relevantes. En primer lugar, la concurrencia del concepto de Estado como asociación política esencial y, el de nación como colectividad social que el Estado debe proteger, a partir de los cuales se genera, justifica y aplica la política exterior de los países. En segundo lugar, la presencia de nuevos actores relevantes además de los Estados que, por efectos del proceso globalizante, han generado sus propias agendas que obligan a evaluar y replantear los intereses nacionales.

Otro aspecto que se evidencia, es que la aplicación del concepto de Interés Nacional se ha mantenido siempre en el ámbito de las relaciones internacionales, limitando su alcance. Ello implica que la discusión sobre dicho término desde distintas perspectivas no se ha ampliado por  casi 400 años, lo que es explicable porque el contexto de aplicación por los Estados no ha cambiado en su esencia. Sin embargo, la realidad parece estar obligando a considerar variables no incluidas en el concepto clásico de Interés Nacional. El constructivismo, con una mirada más amplia, hace un aporte importante, porque el contexto en que nos desenvolvemos hoy nos enfrenta a problemas sociales y económicos que, de algún modo, pueden influir en la política exterior. 

Si volvemos al significado que le da Morgenthau al concepto, vemos los tres elementos centrales que hoy se manifiestan con mucha fuerza. El Estado, la supervivencia y el poder. Pero si analizamos el planteamiento de Walther Dorner, es posible afirmar que sin duda el individuo y la sociedad también tienen mucho que decir, porque a los deseos de los seres humanos que son permanentes, se vinculan los valores que los guían, correspondiéndole al Estado utilizar sus instrumentos de poder para hacer realidad sus aspiraciones y satisfacer sus necesidades. Por cierto, dicha acción estatal requiere de acciones de política interna, y también de política externa, con adaptaciones a los cambios contextuales que vayan ocurriendo.

De esta manera, la visión clásica del concepto de Interés Nacional se ve ampliada, porque la aplicación del poder por parte del Estado, no solo se enfoca en resolver amenazas, situaciones o fenómenos provenientes del exterior, cuyo origen puede estar en otro país o en un actor no estatal. También debe enfrentar las consecuencias de ellos en la sociedad, sumados a aquellos que se generan internamente, muchas veces por influencia externa.

A partir de lo planteado, ¿cómo se aplica esta concepción a la realidad actual de Chile?

Nuestro país está enfrentando una crisis de características multidimensionales, que pone en riesgo principalmente intereses vinculados al desarrollo nacional, pero ninguno de ellos directamente relacionado con pérdidas en nuestra integridad territorial o de nuestra independencia política y cultural como consecuencia de la agresión de otro Estado. No obstante, ello sí puede ocurrir por efecto de actividades de actores no estatales, o de fenómenos en que puede o no estar la mano de las personas. En este contexto, todo indica que hoy, el principal foco de las preocupaciones en nuestro país está relacionado con variables sociales derivadas de la pandemia del COVID 19 y del debilitamiento de la economía.

Al respecto y, en primer lugar, es importante consignar que el 67% de los encuestados en el último sondeo de CADEM, muestra mucha preocupación por contagiarse con el virus. Este indicador, se ha mantenido con variaciones de entre 64% y 76% en las últimas 16 semanas, lo que proporciona una idea del grado de temor que despierta la pandemia.

Sin embargo, los datos vinculados a los efectos de la situación económica son relevantes por las consecuencias futuras que puede provocar el deterioro de la economía. El cuadro siguiente, muestra algunos indicadores que a nuestro juicio entregan una idea de la inseguridad que esto genera en la población, donde los indicadores que más preocupan son el estancamiento del progreso económico, y las expectativas de encontrar empleo. No obstante, la posible pérdida de estatus social, refleja en sí misma la preocupación que genera en las personas: perder su propio desarrollo económico y social logrado con el esfuerzo de muchos años.

Progreso económico estancado o retrocediendo

Mala expectativa de encontrar empleo

Posible pérdida de Status Social

Disminución importante del ingreso familiar

Malas expectativas de consumo

94%

94%

76%

70%

65%

Fuente: Encuesta CADEM 13 de julio 2020

Sumado a lo anterior, AthenaLab, en su encuesta sobre percepción de Política Exterior y Seguridad Nacional realizada en la primera quincena de marzo de este año, nos proporciona datos respecto de otras variables relacionadas con preocupaciones e intereses de seguridad cruciales, con una mirada hacia el exterior. De estos, se tomaron aquellos que a nuestro juicio son más relevantes.

Narcotráfico y Crimen Organizado

Cambio Climático

Pandemias

Desastres naturales

Crisis económica global

Público

Expertos

Público

Expertos

Público

Expertos

Público

Expertos

Público

Expertos

79%

69%

65%

44%

63%

39%

60%

34%

60%

48%

Fuente: AthenaLab, Encuesta de Percepciones sobre Política Exterior y Seguridad Nacional

Ataque terrorista

Inestabilidad regional

Porosidad de las fronteras

Conflicto

EE.UU-China

Envejecimiento poblacional

Público

Expertos

Público

Expertos

Público

Expertos

Público

Expertos

Público

Expertos

54%

45%

47%

23%

45%

38%

35%

23%

31%

19%

Fuente: AthenaLab, Encuesta de Percepciones sobre Política Exterior y Seguridad Nacional

Observando los datos, llama la atención la disociación existente entre la opinión del público en general y la opinión de expertos, y más aún, que la percepción de los primeros se ajusta más a la realidad actual que vive nuestro país. Del mismo modo, se observa el orden de prioridad en las preocupaciones de seguridad del público en general, que coinciden con aquellos problemas que hoy la sociedad chilena ve con preocupación, por los efectos negativos que está causando o causaría en el breve o mediano plazo a los intereses de seguridad y desarrollo de nuestro país.

Así entonces, es posible afirmar que ambas encuestas nos proporcionan datos valiosos que dan cuanta de intereses actuales y otros que miran al futuro, con elementos concurrentes de las cuatro visiones presentadas al inicio de esta columna, aunque con cierto énfasis en la visión constructivista. Ello nos señala, que el concepto en términos teóricos requiere adaptarse a los tiempos actuales y ampliarse, lo que requerirá el equilibrio de la aplicación del poder del Estado entre aquellos intereses que están o se satisfacen fuera de nuestras fronteras, y aquellos que están o se satisfacen dentro de ellas. Intereses que, por lo demás, pueden relacionarse con la supervivencia de los valores que nos sostienen como país o de la sociedad como la deseamos, además de los elementos que plantea el concepto tradicional del término.

Si nuevamente vamos al concepto planteado por Morghentau, nos parece que mirando nuestra realidad actual, la protección de la identidad física, política y cultural contra las invasiones de otros Estados-Nación sigue siendo necesaria. Sin embargo, nuestro País en lo inmediato, está sometido al peligro que implican otros fenómenos con el potencial de generar amenazas, o que son por si mismos un peligro para nuestra estabilidad política, económica, social y cultural, como el COVID 19, la droga, el terrorismo anarquista, el cambio climático y los desastres naturales, lo que en términos reales son variables esenciales de nuestro Interés Nacional, porque exigen la protección y defensa de la población y, la recuperación de nuestro crecimiento económico que asegure el bienestar y el bien común de nuestra Sociedad.

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