El afán discursivo de ser “cool” o la ausencia de tino: las funciones de las Fuerzas Armadas en Chile en el marco de la Constituyente

Dra. Loreto Correa Vera

Investigadora CIEE-ANEPE

En las últimas semanas he seguido con atención el debate sobre las posibles funciones y vinculaciones respecto de las Fuerzas Armadas en el contexto de la próxima discusión constituyente del país. No se trata, por cierto, de un debate sobre preferencias de desarrollo, estimaciones de crecimiento, proyecciones sobre la industria. Se trata o se ha tratado de un ejercicio de suyo ideológico y polarizado en el contexto de la mirada auto referente respecto del Estado de Chile en el contexto regional y mundial sobre la seguridad y la defensa.

Desde ya hace algún tiempo, largo tiempo, la premisa que las Fuerzas Armadas deben ser o no ser tal o cual cosa para y en función del poder civil demuestra que en Chile se ha instalado una discusión pacifista. Resulta cool, de moda, progresista y “moderno”, señalar por ejemplo que las Fuerzas Armadas deben disminuir su estructura porque son un enorme gasto de la nación. Más cool resulta apuntar que como tienen pensiones más elevadas que el resto, se trata de una injusticia social enorme. En tanto que la guinda del pastel señala que como América Latina es una “zona de paz”, no se necesitan. En ese marco, una serie de analistas nacionales, y el Grupo GADFA en su conjunto, se han referido de manera aleatoria a la futilidad de las Fuerzas Armadas y su importancia para el país.

Intentar entender qué o quiénes están detrás de estas argumentaciones o motivaciones es un tema. Veamos quiénes. Lo primero, hombres mayores, con o sin vinculación política castrense. También, hay tecnócratas aficionados a los números y cientistas sociales cercanos al ALBA y la UNASUR. En el debate, han aparecido, por cierto, algunos ex embajadores y, por último, políticos que han encontrado en el tema de las Fuerzas Armadas un mecanismo para mantenerse vigente en los medios de comunicación.

Desde la vereda del frente, contestan, ex militares y un centro de estudios con elevada presencia en los medios, porque reúne lo que todos los cientistas sociales deseamos: recursos y plataforma digital para expresar ideas.

Sin embargo, ya sea desde una u otra vereda, resulta preocupante que haya mensajes estilo “el sofá de Don Otto” en la materia. Implícitos como: “acabemos con el poder de las Fuerzas Armadas porque no hay amenazas de invasión de nadie”. “Terminemos con los privilegios de las Fuerzas Armadas, porque no se lo merecen por lo que ocurrió en la dictadura”. “Hay que castigarlos por lo que hicieron durante el gobierno militar y porque no han pedido perdón”. “Hay que contenerlos, amarrarlos bien amarrados, porque son una amenaza en sí misma en relación a la institucionalidad y cualquier día vuelven a hacer otro golpe de Estado”.

Tal sinceridad no se expresa abiertamente porque sería obsceno hacerlo. Sin embargo, de todas las frases que han sido expresadas, hay una que llama poderosamente la atención y que menciona pasar integrantes de las Fuerzas Armadas a Carabineros.

Al respecto, y uno esto con el debate sobre la presencia de las mujeres en el debate nacional, me parece que llegó la hora de expresar la falta de tino que manejan estas intervenciones donde la preservación y la integridad del Estado de Chile – en este caso- está ausente. Cual más cual menos, apuntan a dibujar encima de la realidad –desde un mundo de fantasía, donde el peligro transnacional no existiría- un nuevo rol de las Fuerzas Armadas, sobreponiéndose a decisiones individuales y trayectorias vocaciones de todo tipo que por más de 200 años ponen en valor los tres pilares del Estado de Chile: autodeterminación, soberanía y territorio.

Así, los elevados pensamientos de los colegas, apuntan más a una “gusticia”, que a una “justicia” en el marco republicano; un “deber ser” acorde con mecanismos de países lejanos y/o en las antípodas geográficas del planeta. Ejemplos que omiten que, si tal o cual país se vieran amenazado, lo más probable es que recibiera ayuda de la OTAN o de los Estados Unidos en su rescate.

De este modo, el problema de comprensión de la realidad y el contexto chileno es tanto o más notorio, cuando las argumentaciones reflejan etapas no superadas en la vida. Odiosidades con justificaciones que ni siquiera Michelle Bachelet en su historia de vida familiar se atrevería a argumentar. Es más, nunca lo hizo. En ese plano, el discurso del abogado Rendón ameritaría una revisión personalísima. Pero más complicada es la argumentación del GADFA, que reúne a políticos y embajadores que se refieren a las Fuerzas Armadas en un debate que no llegó al siglo XXI y convive con fantasmas del siglo XX.

En este plano, la sinceridad es madre de la razón. Los pactos sociales de los países nacen desde el respeto a todos los actores. No hay unos actores más legítimos que otros. Por ello, lo primero, es la profunda convicción que hablar de defensa y no involucrar a la política exterior del país es una omisión integral al asunto. La defensa es un pilar clave para mantener o no la soberanía nacional, claro está. Un ejemplo: Si el Estado de Chile ha defendido sus principios en La Haya recientemente, no es solo porque cree que los países vecinos, tienen o no tienen razón. Es porque detrás de la política exterior nacional está la defensa nacional de respaldo. Es esta fuerza, cientos de miles de hombres y mujeres con vocación, que han decidido en tiempos de paz ponerse al servicio del país porque lo aman y desean servirle. Por ello, con todas sus letras resulta maniqueo apelar a los 70, 80 y hasta la realidad de los 90, pasado que evidencia una ignorancia obsesiva.

Por otra parte, y esto le duele a un sector político nacional, una parte de la juventud chilena admira, pese a los esfuerzos en contrario, a las Fuerzas Armadas de Chile. Y las admiran porque representan valores y principios que identifican un Chile capaz de alcanzar cualquier meta. Entonces, ¿Vamos a refundar sus instituciones? ¿Con cargo a qué? ¿Contándoles qué historia? ¿O vamos a emprender el penoso y fracasado camino de la memoria histórica? Porque si es esto último lo que vamos hacer como país y que ni en la propia Alemania hizo con sus Fuerzas Armadas, ¡cerremos la puerta y que se vayan todos para su casa! Hoy, doctrinariamente hablando, no hay quien señale dentro de las filas que los problemas políticos del país son causados o factibles de arreglar con un liderazgo castrense. Y en este plano, valga contradecir la ligereza de Jorge Baradit, quien las acusa de ser “un botón de pánico” de Chile cada cuarenta años” o de ser responsables institucionales de “las enormes c… HISTÓRICAS”[1] del país, haciendo borrón y cuenta nueva de las sentidas palabras de Patricio Aylwin al respecto[2].

Es esta juventud y una parte de la nación que quiere paz social, desarrollo y un país sólido, la que sabe que las Fuerzas Armadas chilenas no han salido de sus cuarteles sino por la presión de la clase política[3].

En función de esta realidad, enrostrarle a las Fuerzas Armadas relatos y argumentaciones latinoamericanistas como hace el GADFA, es ubicarlas en un plano caudillista que no solo no procede, resultan ser un falso dilema que no aplica a Chile, un “artefacto” althusseriano[4].

Siendo serios, la topografía del poder exige, antropológicamente hablando, abandonar el espejo retrovisor. Y siendo aún más francos: mantener el discurso de los 17 años de dictadura y recordar el golpe de Estado una y otra vez, sin recordar además que los que están vivos y fueron responsables de delitos están presos, es muestra que hay mucha gente que no avanzó en su vida lo suficiente en términos ideológicos y que ignora lo que actualmente las Fuerzas Armadas hacen o no hacen, o cómo lo hacen[5]. Ese mundo, y particularmente, después de lo que hemos visto en estos días en Estados Unidos, murió hace años. Resígnense, actualícense.

Un segundo punto es la mirada de futuro. Las Fuerzas Armadas de Chile tienen enormes desafíos y roles en tiempos de globalización que no son ni remotamente cercanos a los roles tradicionales de la Guerra Fría. Son cuerpos disciplinados y jerarquizados con capacidades para cumplir funciones específicas que no podría cumplir nadie más dentro del país, ni una Guardia Nacional –si la hubiera-, ni la PDI o los mismos Carabineros, ya de suyo diversificados en una enorme cantidad de labores.  Y lo más importante, no son ni quieren ser deliberantes. Algo de ello esboza Ricardo Couyoumdjian en su columna de El Mostrador del 8 de enero de 2021. Sin embargo, además están el apoyo y soporte que prestan dentro del marco del Sistema Político Internacional a través de las operaciones de paz –cierto, suspendidas, pero no clausuradas de por vida-. También están la colaboración en materia de catástrofes, la interconectividad país, el cuerpo Militar del Trabajo, las operaciones de desminado humanitario, el cuidado de las costas para el resguardo de nuestros recursos naturales y también el de nuestras fronteras por tierra, mar y aire, hoy más porosas que nunca y lamentablemente a merced del crimen organizado. Adicionalmente están los temas de ciberdefensa. En este contexto, ¿vamos a dejar a las Fuerzas Armadas fuera de la Constitución con semejantes obligaciones porque “nos caen mal”? ¿Quién asume las tareas, con qué financiamiento y bajo qué estructura? ¿De qué país se habla, de uno que existe o de uno que hay que “parir” en la Constituyente por ley? Peligrosa pirotecnia verbal la de algunos, fuegos artificiales que tienen efectos en la ciudadanía; tal y como los incendiarios discursos de Donald Trump.

Recordemos: “Civiles y militares, Chile es uno solo”. Desafío a cualquiera de los preclaros hombres y mujeres que han escrito recientemente desde la comodidad de sus escritorios, o desde sus resguardados y retóricos sillones jurídico constitucionalistas, que jamás han pisado un cuartel, juren y cumplan cualquiera de estas labores, desplegados 24/7/365 por una, dos o tres décadas. Esa es la humanidad, identidad, fuerza y dignidad de las Fuerzas Armadas de Chile. (Paso lista). 

[1] Entrevista a Jorge Baradit, disponible en: https://www.cooperativa.cl/noticias/cultura/literatura/baradit-fuerzas-armadas-han-asesinado-mas-chilenos-que-soldados/2015-07-22/141458.html  y https://twitter.com/baradit/status/1307380196169969664, 19 de septiembre 2020.

[2] Ver entrevista de Patricio Aylwin en el diario español El País, 27 de mayo de 2012. Disponible en: https://elpais.com/internacional/2012/05/26/actualidad/1338051981_784799.html

[3] SAN FRANCISCO, Alejandro. La deliberación política de los militares chilenos en el preludio de la guerra civil de 1891. Historia (Santiago) [online]. 2005, vol. 38, n.1 [citado  2021-01-08], pp. 43-84. Disponible en: <https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-71942005000100004&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0717-7194.  http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942005000100004.

[4] ALTHUSSER, Louis. Ideología y aparatos ideológicos de estado / Freud y Lacan. Buenos Aires: Nueva Visión. 2003. 

[5] PEÑA Torres, Marisol. Funciones de las Fuerzas Armadas Y del Consejo De Seguridad Nacional en Chile y Propuestas de Reforma Constitucional. Ius et Praxis [online]. 2002, vol.8, n.1 [citado  2021-01-08], pp.95-116. Disponible en: <https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-00122002000100008&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0718-0012.  http://dx.doi.org/10.4067/S0718-00122002000100008.

6 Responses
  1. Carlos Fuentealba

    Excelente análisis, quizás único en Chile. Mucha valentía y coraje para decir las cosas por su nombre en una sociedad sofocada por eufemismos, dobleces y mentiras buenistas y presentistas.

  2. Germán Celedón Abarca

    Loreto, como nos tiene acostumbrados, crítica, directa y sincera en sus análisis.
    Una muestra q los cargos y niveles intelectuales se ganan, no se consiguen por igualdad de genero.
    Excelente profe.

  3. Cristian Chateau

    Felicitaciones Loreto, excelente columna directa, realista, sensata y muy bien argumenta, creo que interpreta a muchos e ilumina a tantos otros, concuerdo con la necesidad de difundir más, por mi parte lo haré con mis círculos. Saludos.

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